Las plataformas digitales buscan ahora controlar las capacidades cognitivas de los usuarios

En los inicios de Internet, las redes sociales funcionaban como un espacio para conectar y compartir experiencias con personas distantes. Sin embargo, cuando las empresas detectaron el potencial lucrativo de este público, el objetivo pasó a ser captar la atención de los usuarios y generar dependencia para mantenerlos navegando el mayor tiempo posible.

José Javier Fernández del Barrio, investigador del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), señala que los dueños de estas plataformas buscan que las personas utilicen cada vez menos sus capacidades cognitivas para incrementar su dependencia de los algoritmos. Según el experto, este modelo avanza ahora hacia una delegación cognitiva donde se busca que las herramientas suplan las capacidades humanas.

El origen de este funcionamiento se vincula con el concepto de mierdificación expuesto por el activista Cory Doctorow, el cual describe cómo las plataformas conectaron a usuarios y empresas para su propio beneficio. Este modelo se consolidó tras la crisis de 2010 con la creación de algoritmos adictivos orientados a la economía de la atención, donde el uso ya no responde al ocio sino a la necesidad.

Para retener a la audiencia, las plataformas premian contenidos hostiles, provocadores y polarizantes que generan mayor interacción, como ocurre en YouTube y X. Esta polarización afecta especialmente a los adolescentes y ha facilitado la consolidación de comunidades digitales conocidas como machoesfera, donde predominan discursos misóginos y conservadores.

Frente a este escenario, los medios de comunicación han optado por competir con creadores de contenido mediante titulares llamativos y priorizando la rapidez sobre la calidad informativa. Esta saturación informativa fomenta que las personas dependan de los algoritmos para procesar los datos, lo que intensifica la polarización social y la llamada batalla cultural.

A pesar de este panorama, el investigador del CSIC destaca que existen medidas individuales para recuperar el control, tales como silenciar notificaciones, limitar el rastreo de datos y evitar compartir la ubicación permanentemente. Asimismo, sugiere el uso de alternativas como Mastondon y subraya que la herramienta fundamental es recuperar el pensamiento crítico para preservar la voluntad de acción y los derechos.