Lula compite por un nuevo mandato presidencial en Brasil

A sus 80 años y con una trayectoria política de casi cinco décadas, el fundador del Partido de los Trabajadores, Luiz Lula da Silva, compite este domingo por un cuarto mandato presidencial inédito. El proceso electoral se desarrolla en un escenario de fuerte polarización frente a su contrincante de derecha, Flávio Bolsonaro, en paralelo a una serie de fricciones diplomáticas mantenidas con Estados Unidos.

De origen humilde, este dirigente se desempeñó en su juventud como tornero mecánico, oficio durante el cual sufrió la pérdida de parte del dedo meñique de su mano izquierda en un accidente laboral. Posteriormente, durante la dictadura militar, se consolidó como uno de los principales organizadores de huelgas de gran magnitud que afectaron al régimen y aceleraron su caída, convirtiéndose en el primer presidente de origen obrero en la historia brasileña.

Tras sufrir derrotas en las urnas en los comicios presidenciales de 1989, 1994 y 1998, alcanzó finalmente la victoria en 2002 y logró su reelección cuatro años más tarde. Al asumir el cargo el 1 de enero de 2003 con una popularidad reflejada en el 61% de los votos, impulsó una gestión gubernamental reformista caracterizada por una baja inflación, un elevado crecimiento del Producto Bruto Interno, la disminución del desempleo, una mayor distribución de ingresos y un incremento en la balanza comercial.

Su administración también promovió las exportaciones y la creación de microcréditos, siendo su decisión económica más destacada la cancelación anticipada de las deudas pendientes con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Asimismo, entre 2003 y 2010, los ingresos del diez por ciento de la población con menores recursos registraron un incremento anual del ocho por ciento, superando el ritmo de crecimiento de la economía y de los ingresos del sector más rico.

En paralelo, al asumir Lula la presidencia en enero de 2003, el PIB anual de Brasil alcanzaba los 0,50 billones de dólares, situando al país en el decimotercer puesto a nivel mundial. Para enero de 2011, al concluir su mandato, dicho indicador ascendió a 2,6 billones de dólares y ubicó a la nación en la sexta posición de la lista global.

En el plano social, el mandatario implementó el programa Hambre Cero con el propósito de facilitar el acceso a alimentos básicos a las familias indigentes mediante la asistencia social, logrando reducir la desnutrición infantil en un 46% durante su primer período. Como reconocimiento, el Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas le otorgó en mayo de 2010 el título de campeón mundial de la lucha contra el hambre.

A pesar de verse afectado en 2005 por el escándalo de corrupción conocido como mensalao en la Cámara de Diputados, que involucró a legisladores de su partido y de otras fuerzas políticas, el dirigente logró superar la crisis respaldado por su capital político. En las elecciones de 2006, obtuvo el 48% de los votos en la primera vuelta frente al socialdemócrata Geraldo Alckmin y se impuso de manera contundente en el balotaje con el 60,82% de los sufragios, superando los 58 millones de votos.

Años más tarde, tras las investigaciones de la Operación Lava Jato que destaparon un esquema de sobornos y condujeron al juicio político de Dilma Rousseff en 2016, Lula fue condenado en 2017 por corrupción en una causa vinculada a un departamento de lujo. Sin embargo, dos años después, la Corte Suprema lo absolvió por unanimidad en uno de los expedientes.

Al abandonar la sede de la Policía Federal en Curitiba, el referente político expresó: No encarcelaron a un hombre. Intentaron matar una idea. Pero no se puede matar una idea. Posteriormente, postuló su candidatura en los comicios de 2022 y se impuso por una diferencia ajustada de 1,8 puntos, equivalente a unos 2,1 millones de votos, en el proceso electoral más disputado de la historia del país.

La administración actual del mandatario se vio atravesada por tensiones diplomáticas con Estados Unidos y la gestión de Donald Trump a raíz de cuestiones comerciales y arancelarias. Frente a la imposición de nuevos gravámenes del 25% a determinados productos brasileños por parte de Washington bajo el argumento de prácticas comerciales desleales, el jefe de Estado rechazó los señalamientos y manifestó: Brasil no es el patio trasero de nadie.

En el plano cultural, el mandatario conserva el respaldo de figuras reconocidas del ámbito musical local como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque y Geraldo Azevedo, quienes interpretaron un jingle electoral bajo la consigna Vamos, Lula. Los cuatro artistas ya habían participado previamente en movilizaciones de apoyo durante la campaña de 2022 frente a Jair Bolsonaro, la cual estuvo articulada en torno a la iniciativa de dar la vuelta al voto. De este modo, el actual presidente busca nuevamente el respaldo ciudadano para asegurar su acceso por cuarta vez al Palacio del Planalto.