Un tribunal federal de apelaciones frenó el miércoles la ejecución de Christa Gail Pike en Tennessee, prevista para una hora después, con el objetivo de analizar si se consideraron debidamente sus acusaciones de violación y abuso sexual infantil en la sentencia. La medida se dictó cuando los testigos ya se encontraban congregados en la Institución de Máxima Seguridad Riverbend, en Nashville, cerca de las 9 a.m., hora local. De haberse concretado, se habría tratado de la primera ejecución de una mujer en ese estado en al menos dos siglos.
Pike, de 50 años actualmente, fue sentenciada junto a su novio por el asesinato de Colleen Slemmer, una compañera de clase de 19 años de un centro de capacitación de Knoxville, a quien apuñalaron y golpearon en 1995. Aquel crimen generó fuerte repercusión mediática en la época, debido a que el cuerpo presentaba un pentagrama tallado y otros detalles que alimentaron la preocupación social por el culto a Satanás en medio del fenómeno conocido como el pánico satánico.
A raíz del caso, volvió a cobrar impulso la discusión sobre la aplicación de la pena capital a delincuentes que eran menores de edad al momento de los hechos. Si bien la acusada no niega su responsabilidad en el homicidio, sus representantes legales argumentan que las autoridades deben contemplar su edad de entonces, su cuadro de enfermedad mental y sus antecedentes de abusos graves, que incluyeron violaciones desde su infancia.
El defensor federal adjunto Stephen Ferrell señaló que la condena de su representada constituye un caso excepcional, dado que a otros jóvenes de 18 años sentenciados a muerte en el estado se les anularon los castigos. Previamente, el gobernador Bill Lee había descartado otorgar un indulto y la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó un pedido similar para frenar la medida.
En una manifestación incorporada dentro de su solicitud de clemencia, la condenada expresó: “Era una joven de 18 años con una enfermedad mental. Me llevó muchos años darme cuenta siquiera de la gravedad de lo que había hecho”. Y añadió: “Y aún más aceptar cuántas vidas había afectado. Le quité la vida al hijo, a la hermana o al amigo de alguien. Ahora me repugna pensar que fui capaz de cometer un crimen así”.
Por su parte, la madre de la víctima reclama que se cumpla la pena de inyección letal tras sostener que aguarda la ejecución del fallo desde hace décadas. Hasta el momento, un total de 18 mujeres fueron ejecutadas en territorio estadounidense desde 1976, cifra que equivale aproximadamente al uno por ciento del total.




